Isaac Asimov era un escritor increíblemente prolífico. Además de la famosa saga de Fundación y los cuentos de robots, escribió muchas obras de no ficción, la mayoría de ellas de divulgación científica, sobre muchos y variados temas. Pero, si hay algo por lo que se le recuerda especialmente, es por sus artículos en múltiples y diversas revistas. Sobre todo, en The Magazine of Fantasy and Science Fiction (F&SF, para abreviar).

Desde 1957 hasta 1992 publicó todos los meses un artículo sobre ciencia, totalmente original, sobre el tema que a él le venía en gana, sin ningún tipo de control editorial. Estamos hablando de unos 400 artículos (según mis propios cálculos) durante 35 años. Es algo absolutamente impresionante.

Pues el otro día, mientras leía uno de estos artículos, Asimov presentaba una tabla. No recuerdo exactamente qué datos eran, no es relevante, pero decía que era la mejor información que había podido conseguir en su propia biblioteca y comentaba que siempre utilizaba su propia biblioteca para documentar sus artículos. Consideraba que salir a una biblioteca pública para hacer ese trabajo de documentación era hacer trampa.

Me pregunto qué opinaría el Buen Doctor (como le llaman cariñosamente sus fans) al saber lo que hacemos ahora para buscar información. Me refiero, efectivamente, a la IA. ¿Se maravillaría de lo que hemos conseguido o se llevaría las manos a la cabeza?

Yo pienso que las dos cosas a la vez, ya que es absolutamente increíble cómo ha avanzado el conocimiento humano y la tecnología en estos últimos 35 años. Pero, por otra parte, estamos haciendo que la IA se encargue del trabajo creativo, lo que parece, a mi modo de ver, el mundo al revés. Asimov, en sus cuentos, siempre relegaba a los robots y a la IA a los trabajos penosos y dejaba a los humanos la parte creativa.

Recuerdo otro de sus artículos en el que habla de una máquina de aprender. Cada estudiante tendría en su casa un terminal de esa máquina, y esta le ayudaría a aprender, paso a paso, siguiendo los intereses del estudiante o las indicaciones del propio maestro. Esto que describe Asimov recuerda, tal vez, a lo que es la IA, con una salvedad: la IA se equivoca, y mucho.

A veces pienso que estamos viviendo una auténtica distopía, en la que delegamos en las máquinas todo el trabajo creativo y la única manera de estar a salvo (por ahora) es hacer trabajos manuales que requieran esfuerzo físico para que la IA no nos sustituya. Aunque, viendo el avance en China de los robots humanoides en estos últimos años, quién sabe…